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Día 2

La fuente “Bertoldsbrunnen” es el punto de partida de su ruta de hoy. Pero no busque una clásica fuente con una gran pila. “Berti”, como se denomina popularmente a este monumento en honor al fundador de la ciudad, es para los friburguenses algo más que la denominación de un lugar. Parece que aquí se reunen el 99% de los habitantes con sus parejas, amigos y colegas, pues no hay otro lugar más ajetreado en todo Friburgo que este cruce de las calles “Kaiser-Joseph-Strasse”, “Salzstrasse” y “Bertoldstrasse”. Además, aquí convergen todas las líneas de tranvía de la ciudad.

              
Su camino le llevará a lo largo de la principal calle comercial hasta la Puerta de Martín, una de las dos puertas medievales de la ciudad que se han conservado en Friburgo. A finales del siglo XIX los ciudadanos solicitaron la demolición de las torres defensivas medievales, pero el por aquel entonces alcalde Otto Winterer supo cómo evitarlo, y lejos demoler la Puerta de Martín, incluso aumentó su altura de 22 a 63 metros.

                       
Atraviese la puerta de la ciudad y gire a la izquierda hacia la calle “Gerber” y luego a la calle “Fischerau”. Este idílico barrio es llamado por los friburguenses cariñosamente “Pequeña Venecia”. Aquí, en el antiguo “Barrio Caracol” (denominado así por las escaleras en forma de caracol de las viviendas), donde antaño vivían y trabajaban los artesanos de diversos gremios, reina hoy día una calma absoluta: en las estrechas callejuelas –con sus bellas y antiguas fachadas, acogedoras cafeterías y coquetas boutiques– murmuran suavemente los riachuelos de Friburgo, los patos disfrutan de las cristalinas aguas, y los gorriones dan saltitos sobre los adoquines. En una de las tiendas podrá ver zorros, pollos, perros y cerdos. Todos viven en la tienda de muñecas hechas a mano de la familia Barleben. Pero, ¡cuidado!: desde el año 2001 nada un cocodrilo en el canal, ¡y ese no es un peluche!

Siga por la calle “Gerberau” hasta la Plaza de los Agustinos. Durante el día es un lugar tranquilo, pero en las noches de verano se reúnen aquí muchos jóvenes friburguenses a charlar y tomar una cerveza después del trabajo. Desde hace unos 100 años, las instalaciones del antiguo Monasterio de los Agustinos sirven de espacio de exposición al museo más prestigioso de Friburgo: el Museo de los Agustinos. En la antigua iglesia del monasterio y un moderno anexo encontrará una excelente colección de arte con obras de la Edad Media hasta el Barroco, así como pinturas del siglo XIX. En las blancas paredes de casi doce metros de altura de la nave, las figuras originales de los profetas y las gárgolas de la Catedral de Friburgo desarrollan un efecto místico. El Museo de los Augustinos está abierto todos los días (excepto los lunes) de 10:00 h. a 17:00 h. Debido a que el museo está siendo reformado desde hace unos años, es aconsejable que antes de su visita se informe aquí (enlace al museo), o bien en la Oficina de Información Turística, sobre las salas de exposición accesibles.

                   

Alrededor de la Plaza de los Agustinos, así como en la “Pequeña Venecia”, encontrará incontables cafeterías y restaurantes. Haga un descanso y “recargue las pilas“ para hacer una excursión a la naturaleza por la tarde.

           

A través del “Schlossbergring“ llegará al Parque Municipal. Si hace buen tiempo, las zonas verdes de este encantador parque sirven de prado para hacer picnic, de centro de yoga y de sala de conciertos. El habitante más conocido del Parque Municipal es el pato macho “Erpel”, cuyo monumento se encuentra en medio de un pequeño estanque. Dicen que salvó la vida a miles de personas en el bombardeo aéreo del 27.11.1944, al prevenirles con su ruidoso cacareo.

 

            

Desde el Parque Municipal puede hacer una caminata por un sendero hacia el Monte del Palacio “Schlossberg”, la puerta de entrada a la Selva Negra. También puede alcanzar la cima de la montaña de Friburgo rapida y cómodamente con el Funicular del Monte Schlossberg en tan solo 3 minutos. Desde aquí no solo podrá disfrutar de unas hermosas vistas de la ciudad hasta los Montes Vosgos, sino que además tiene la posibilidad de descansar y tomar algo en varios restaurantes. También puede hacer un paseo por un sendero del bosque hasta el “Kanonenplatz”, desde donde las vistas panorámicas son asimismo espectaculares. Desde el “Kanonenplatz”, un serpenteante camino conduce al restaurante “Greiffenegg-Schlössle”, el lugar perfecto en verano para tomar una cerveza al caer el sol. A través de un puente peatonal podrá volver al centro de la ciudad.